LAS FORMAS EN LAS QUE ESTAMOS REPARANDO AL CLAN FAMILIAR

Se dice que siempre es tan sólo un miembro de toda una familia, la persona que de pronto decide romper con todo aquello que ordena el árbol genealógico para las siguientes generaciones.

Una oveja negra, el raro, el loco, quién viene a romper con todos esos programas heredados, porque sin más siente la necesidad de hacerlo y cuenta con la fuerza para hacerlo.

Y es que el árbol genealógico trae consigo generación tras generación, dramas diversos que hacen de las nuevas generaciones un cofre lleno de complicaciones.

Empecemos por aclarar, que el concepto de reparación cuando se habla del Transgeneracional o del Árbol Genealógico, se refiere al hecho de que alguno o varios descendientes en la familia viven su vida con caos, confusiones, carencias, enfermedad, «mala» suerte en el amor, problemas reproductivos, etc, cuyo origen o causa no se encuentra en la vida presente de dicha persona.

Si consideramos que ya desde la línea de nuestros tatarabuelos pudo haber problemas, imaginemos por un momento cuántos programas estamos heredando sin darnos cuenta.

Esto no quiere decir que todos los seres humanos de todas las familias del mundo vivan una vida miserable gracias a sus herencias, no. Por supuesto hay familias en las que los dramas de los tatarabuelos son ligeros contratiempos que no pasan a mayores.

Pero sí es un hecho, que muchas familias traen consigo una pesada carga de tristeza y dolor, que muchos estamos sufriendo en nuestro presente.

Por lo tanto, se considera que yo estoy reparando mi árbol genealógico, cuando “algo” o “mucho” en mi vida no va bien. Cuando no existe explicación coherente para lo que me sucede continuamente. Cuando el problema en mi vida pareciera haber surgido de la nada. Cuando el patrón de mi vida se repite y repite. Cuando haga yo lo que haga, nada cambia. Cuando yo mismo siento que “algo” en mi vida “no es normal”.

Aspectos de nuestras vidas, con los que reparamos nuestro árbol genealógico:

– Con nuestra actividad o profesión.

– Con nuestros hijos o nuestra vida reproductiva.

– Con nuestras relaciones amorosas.

– Con nuestras enfermedades.

– Con nuestra carencia económica.

Revisemos de forma general cada una de estas reparaciones, sabiendo que si estamos viviendo alguna de ellas, ahora conocemos de dónde proviene: El árbol.  Y será hora de liberar aquello que estamos viviendo, adjudicándole la responsabilidad de ello a esa historia que seguramente no conozco de mi familia, pero que reconozco, me está afectando, buscar un acompañante para realizar tu árbol Transgeneracional sería un primer paso.

REPARANDO CON NUESTRA ACTIVIDAD DIARIA O PPROFESIÓN:

Por lo general, todos tenemos una actividad diaria que nos brinda el sustento para comer y vivir. Un trabajo, una profesión, una actividad.

Muchas veces, somos increíblemente buenos en lo que hacemos, lo hacemos eficientemente y nos pagan por ello.

Muchas veces, odiamos aquello que hacemos a diario, pero no hemos encontrado otra cosa, no sabemos hacer otra cosa y lo mismo, nos pagan por ello.

Reparar con nuestra profesión o actividad, significa ni más ni menos, que nosotros llegamos a ésta vida, con un “gusto” o “interés”, por algo específico. Un gusto que no entendemos. O bien, llegamos a ese mundo con la “suerte” de sólo tener habilidades para esa actividad.

Y el secreto para saber si estamos reparando con nuestra profesión o actividad, es que, aunque sepamos desarrollarla a la perfección, no nos llena el alma o bien, no recibimos el pago justo por lo que hacemos.

Yo puedo estudiar medicina, pensando que seré un gran profesionista reconocido, porque creo “preocuparme por el bienestar de las personas”, y lo más seguro, es que yo desconozca, que hubo muertes en parto en mi familia o personas que estuvieron a punto de morir en el parto por otorgar un ejemplo.

En este caso, yo desconozco esa historia. Yo creo creo que es un gusto mío. Tengo habilidades para ser médico. Pero tal vez nunca paso de médico general, ganando poco porque no he sabido colocarme en un buen puesto o bien, porque aunque soy buen médico, no es algo que me alimente el alma o me motive a crecer, lo veo como “rutina”.

Y así con una gran cantidad de profesiones por lo que deberé hacerme las dos preguntas básicas para saber si estoy reparando:

– ¿Lo que hago me apasiona, me llena, me hace feliz?

– ¿Lo que hago me hace ganar muy buen dinero, puedo ahorrar y disfrutar de abundancia?

Si la respuesta a cualquiera de las dos preguntas es NO, no lo dudes, estás reparando.

REPARANDO CON NUESTRA VIDA REPRODUCTIVA Y TUS HIJOS

Así es, también reparamos a la familia con nuestra vida reproductiva o con nuestros hijos. Concebimos y procreamos hijos en fechas específicas claro, de manera inconsciente. Porque el mismo árbol lo exige así.

Cuando nace un bebé, no crean que fue porque tú o tu pareja lo planearon calendario en mano, no. Fue porque el inconsciente familiar así lo ha ordenado para continuar creciendo.

Que “se les ocurra” colocarle a dicho bebé un nombre específico, no crean que fue por la junta familiar o la conversación con su pareja. Algo en el fondo de su corazón, les dice: “ponle así”, es lo mejor.

Y lo que ustedes por lo general no analizan a la hora de concebir a un bebé, es todas las coincidencias en fechas, fallecimientos, aniversarios, que su hijo vendrá a cumplir.

Tan sólo puede ser posible que digan algo como: “mira mi amor, el bebé nacerá en septiembre, como tu mamá”, sin razonar que lo que acaban de “calcular”, es tan sólo una señal de la carga emocional con la que ya desde ese momento viene ese bebé al mundo.

El árbol es así, envía generaciones tras generaciones de niños con fechas específicas, que vengan a repetir o a solucionar dramas específicos.

De ese modo, tal vez tu llegaste a reparar la vida de tu abuela materna y tu hermanito venga a reparar la vida de uno de los 8 tatarabuelos paternos.

Por lo tanto y aunque no lo creas, tal vez tú estás aquí para repetir, reponer a los hijos del árbol que se han perdido, pagar con tu vida reproductiva o con tus hijos, lo decidido o hecho por otras líneas de tu familia.

REPARANDO CON NUESTRAS RELACIONES AMOROSAS

Lo mismo sucede en la elección de pareja. No crean que esa linda muchachita que dijo que sí a casarse con ustedes o que ese lindo galán que accedió a pedirlas en matrimonio, fue una linda señal del destino, claro que no.   Fue el árbol quien ordenó casarse o unirse o embarazarse de ese hombre que precisamente, vendrá a repetir lo que ya otros hombres hicieron en el árbol: abandonar, engañar, tener vicios, morir, etc.

Así que cuando te enfrentes a la aburrida historia de: “por más que inicio relaciones amorosas, todos los hombres terminan engañándome o dejándome”, ya basta, compréndelo, viene de tu árbol. No eres tú o lo que haces o lo que dices o la ropa que vistes. Es que estás reparando a una o a varias mujeres que ya vivieron eso que tú vives ahora y te obligan a repetirlo o a cambiarlo.

O quizás y a veces sucede, tú vienes a reparar a los engañadores y abandonadores, ¿cómo? Pues sufriendo lo que “se siente”. Viviendo en tu día a día lo que todas las mujeres engañadas sintieron.

O te tocó casarte ser pareja de un celoso, de un abusador, de un alcohólico…..reparación.

O no puedes dejar a tu pareja porque dizque “yo lo amo”….reparación.

Obviamente estamos hablando de las situaciones conflictivas que son las que nos hacen despertar, buscar y cambiar, sin duda las virtudes y las buenas acciones de tu clan también las repetimos, sin embargo esas no las usaremos para ser mejores…

REPARANDO CON NUESTRAS ENFERMEDADES:

Creo que de todas las reparaciones, esta es la mas difícil de “razonar”. Porque estar enfermos ya nos quita fuerza física y mental para siquiera ponernos a pensar en “historia familiar”.  

El hecho de estar enfermos de pronto como “todos en nuestra familia” ha llegado ya a un punto de aceptación por parte de la población mundial en general. Todos en mi familia tenemos diabetes, todos en mi familia han tenido cáncer, todos en mi familia padecen de los riñones, o todos en mi familia han muerto de infarto, etc.

Y vamos muy contentos por la vida, tan sólo esperando la diabetes, el cáncer, el problema de riñones o morir de infarto, porque asumimos que así será. Ante eso ni qué decir.

Pero si yo me tomo unos minutitos para analizar el por qué mi familia está enferma de algo. Si yo me tomo el tiempo de investigar quién de la familia tuvo lo mismo que yo y analizo su vida. O mejor aún, si yo asumo que la historia de mi enfermedad no es mía y pongo manos a la obra en lugar de creerle a mi doctor todo lo que me dice, es seguro que superaré mi enfermedad con ganancias fabulosas.

Porque si de pronto yo tengo un cáncer, imaginemos que está en mis ganglios, y ya averigüé que ese cáncer sólo da cuando se vive una vida de desvalorización y malos tratos. Y si yo ya sé que en mi vida presente no ha habido ni desvalorización ni malos tratos, puedo entender que sin duda, estoy padeciendo mi cáncer por la vida (léase culpa), de alguien más en mi familia. Y que sólo estoy reparando.

O qué tal si lo mío es la famosa diabetes, lo mismo. Debo averiguar quiénes de la familia crecieron sin la dulzura que merecía, quiénes crecieron solos o abandonados, quienes de mi familia fueron huérfanos, regalados o encargados para su crianza con otros familiares. Y podré entender que esa vida de “no tener el amor que me merezco” no es mía. O también, entenderé por qué yo siempre he sentido esa emoción en mi vida y sabré que no es mía.

REPARANDO CON NUESTRA CARENCIA ECONÓMICA:

Una señal inequívoca de que estamos reparando pérdidas económicas de nuestro árbol genealógico, que nunca tenemos dinero, nos preocupa el dinero, jamás podemos ahorrar dinero, se nos va muy rápido el dinero, no hemos ganado y ya lo debemos, etc.

Esto habla de pérdidas económicas en nuestra familia. Y puedes ser algo tan obvio como una pérdida sufrida por nuestros padres o abuelos, que sí conozcamos. Pero recordemos, que sobre ellos todavía, hay dos líneas generacionales mucho más pesadas: bisabuelos y tatarabuelos. Que sin duda, nos están enviando la orden de “no tener”, ¿Por qué? Simple, porque se pierde y eso duele mucho.

Entonces yo llego a ésta vida con órdenes parecidas a lo que sigue:

– Si gano mucho me lo quitan, mejor gano poco.

– Si gano mucho, lo pierdo, mejor no lo gano.

– Si tengo mucho dinero, matan a mi familia, mejor no tengo nada.

– Si tengo mucho, debo huir y dejar todo, mejor no tengo.

Y si tomamos en cuenta que pudiera haber historias de migración por guerra ya en la línea de los bisabuelos, imaginen qué hay más allá que desconocemos. Además, cada uno de nosotros, tiene ni más ni menos que 16 tatarabuelos, cada uno con sus respectivos hermanos, y todos, cualquiera de todos ellos, pudo haber sido jugador, apostador, tener vicios, gastar en mujeres, ser desheredado, etc.

Así que cuando no tengas dinero, cuando tengas miedo a perderlo, cuando tengas la sensación de que jamás tendrás más que lo básico, ya ni le busques, es tu árbol. Estás reparando.

Y lo mismo si no saber cobrar sin culpa, el regalar tu trabajo, el ofrecer descuentos, el trabajar gratis, son signos de que estás reparando.

¿Por qué?

Porque fue tanto lo que tu familia en el árbol genealógico sufrió esa gran pérdida económica, fue tan grande su dolor, que tú naces para ver simbólicamente a esa “pobre familia”, en todos tus clientes. Y mientras tú no “vivas” consciente de que esa historia de pérdida y carencia no es tuya, tú seguirás justificando tu actuar con frases como:   “Pobre gente, no tiene, no le voy a cobrar”, “Pobre señora o señor, mira no tiene ni para comer, no le voy a cobrar”, “Pobre gente, mejor le regalo mi trabajo”, “¿Cómo le voy a cobrar? Si no tiene ni para zapatos”.

Y no dejan de ser emociones “que heredaste de alguien” en tu familia. Programas heredados que aún con toda tu carencia y tu deseo por “ganar más”, te llenan de culpa. Te sientes culpable de la suerte económica de tus clientes, como si sus carencias fueran responsabilidad tuya. Como si hubiera un mandato divino que te dice: regala.

Eso es reparación.

En conclusión, he aquí una buena razón para ponernos a trabajar con todas nuestras ganas en hacer nuestro árbol genealógico. Porque tal vez tan sólo con lo poco que sé de mi mamá y de mi papá no sea suficiente para obtener todos los detalles y dramas que puedo estar arrastrando. Puedo generalizar, asumir, que sin saber detalles, se vivieron historias específicas, porque así lo demuestra mi realidad presente.

Pero qué mejor que conocer a fondo, lo que se vivió en la familia, lo que estoy repitiendo, lo que debo cambiar en mis actitudes para lograr, por mi línea o por mis descendientes, liberar.

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Fuente: Akasha Sanación Integral /Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.

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